Yo
no tenía que ir a ninguna parte a buscar al Señor porque el Señor
estaba allí conmigo y me daba aliento y fuerza para cumplir la dura
misión que me había encomendado. (Cuanto más tiempo pasa más
convencida estoy de que hice lo que debía).
En
algunas ocasiones me aparté de las celebraciones litúrgicas porque
en aquellos momentos había razones o llamadas que me llevaban a
otros lugares. El Señor puso en mi camino situaciones difíciles y
pensé que, si me había puesto en aquel lugar, yo debía estar allí
porque personas a las que amo me necesitaban. Yo confío en el Señor
que me deja libre para que vaya y me deja la puerta abierta para que
vuelva. Bendito sea el Señor que me ama.
Saludos, Loida
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